Se fue hundiendo lentamente, en unos pocos segundos, la palidez le pesaba, contrastando lo oscuro.
Las estrellas, livianas, del mismo modo huyeron y descubrí que en la mañana,
es rosado el cielo.
La noche es dorada y plateada la aurora, me advierto emancipada
del espacio y las horas.
Hace muchos mates, que me vengo tomando noches y bastantes libros, que me vengo amaneciendo: -Grávida de tanto respirar,
¡Vida que está aconteciendo!
Carolín 08*