No nos engañemos más. La obediencia no existe desde que el mundo fue mundo, tampoco los relojes ni muchas otras cosas.

Revelemos con paciencia las nuevas fotografías tomadas con un cristal diferente.
Nosotros mismos seamos nuevos para danzar juntos por el aire reencontrándonos.
Volvamos a conocernos con alegría.
Estamos listos para volver, aún sin habernos irnos nunca.
Reescribamos las tablas. Busquemos quietos, haciendo.
Amor es ese todo que nos une, es lo que nos recuerda que somos, fuimos y seremos siempre uno.
Eso es dios para mi. El milagro en el milagro, la vida.
Llevo conmigo ilusiones de otoño, por ejemplo ver al Sol, adornado con un moño.
También acarreo entusiasmo y cobardía, hollín de tanto juego de peligro que atrae y lastima.
Marcas que me recuerdan el tránsito y el contacto.
Voces que jamás se borrarán y otras que ya he perdido.
Hay hojas que el viento desintegra sin extinguir y colores que nos quedan dentro.
Olores a los que volvemos y con los que volvemos.
Algunas canciones comunican aún sin decir.
Vacaciones de la mente y palabras del estómago.