
-¿Qué es todo ese ruido?
Son las obviedades que siempre habitaron en mi cabeza, la nuestra, lo intuitivo.
Lo evolutivo del hombre, de las especies.
-Es el amor.
- Estás tan lejos que mi voz no te llega, que mi abrazo no te alcanza. Estamos tan lejos que no quiero irrumpir en tus fantasías, en tus realidades.
No quiero perturbar ni por un segundo tu instinto de trotamundos, pero hoy, tengo que poner un punto en un destino errante y darle luz verde al camino surrealista.
Insólito o qué, recuerdo haberlo soñado, recuerdo haberlo vivido, recuerdo haberlo imaginado.
Recuerdo que me lo enseñaron, recuerdo que te lo enseñé.
Recuerdo haberlo escrito. ..
-Recuerdo es retroceder.
Ahora lo invento a medida que lo voy concibiendo y que lo voy procesando en mi sesera.
Dicen por ahí de los hermanos, hablan de aquellos que comparten la sangre y a veces el nido. De aquellos que cargaron la misma cruz o están destinados a un mismo camino.
No es verdad, lo que dicen de ellos no es cierto en mi diccionario. No hay vida que lo entienda, ni hay muerte que lo resista o lo destruya.
O los sabios o los idiotas se han equivocado, no pudieron ver el sol, ni el brillo en sus ojos, no han sabido de las tierras de pimienta, siquiera han notado que gira el planeta.
A nadie parece gustarle la realidad per se. Y al parecer todos quieren cambiarla a medida que la van destruyendo.
No los dejes, no los dejemos, no te dejes, no nos dejemos.
Que no hay muerto que no haya vivido, ni hay vida que haya fallecido.
Ya lo han dicho otros, todo cambia , todo lo que ha sucedido, todo aquello se repetirá infinitamente o, al menos, dara una flor al futuro que igual, pronto, será olvido.
Pero renacerá en la paz de nuestra conciencia tal vez, en la inocencia de las discusiones, en las lágrimas que no han de llegar al piso y en las que derramaremos en vano , en algunas situaciones.
-Hermano, heredamos tierras y monedas de oro pero no es eso lo que valemos.
Somos frutos de un amor divino somos causa del muerto y consecuencia del vivo.
Somos la creación y el rompimiento de las moléculas.
Alguna vez fuimos veloces y supimos escabullirnos y a medida que pasó el tiempo, fuimos olvidando nuestra fortaleza, fuimos despreciando un pasado sin memoria y olvidado un momento decisivo.
-Fuimos luz, fuimos dos mitades de nosotros mismos hasta volvernos uno.
Debimos atravesar el lado más psicodélico de la vida por el cuerpo de la tierra misma en la que fuimos fecundados.
Hoy somos, sabiendo que somos sin recordar el momento en el que nunca fuimos.
Carolina