martes, 22 de octubre de 2013

Hacer las paces

Corren tiempos de cambios y yo ya no corro con ellos, ahora más bien camino en ellos, juego en ellos, me detengo y pienso, me callo y siento.
Ayer, tras dos noches seguidas de pesadillas, caminando, dos revelaciones llegaron a mí.
En mis sueños se había aparecido la muerte, el peligro, la imagen de lo prostibulario, figuras de poder y de dioses, planes inasibles, demasiado estructurados, sensación de vergüenza y angustia.
En la caminata vinieron imágenes de mi adolescencia y recordé que la inseguridad  nació en mí  junto con la primera dieta a los 14 años.
Hasta entonces yo me sentía bendecida por una belleza singular pero de un momento a otro las voces dentro de mí cambiaron y comencé a sentirme inadecuada. Y ahí, empezó una carrera contra mi misma.
Sin darme cuenta comenzaba a convertirme en lo que pensaba que debía ser, sin darme cuenta pensaba que el fin era gustarle a todo el mundo, sin darme cuenta me avergonzaba de mi misma por no ser lo que pensaba que debía ser o más, pensaba que los demás querían que yo fuera.
Hoy, estoy segura de que no me interesa gustarle a todo el mundo.
Sé que quienes amo o con quienes me interesa vincularme simplemente me aprecian y valoran porque SOY, así como yo los  valoro a ellos.
Es que de hecho, y en gran parte llego a estas conclusiones gracias al amor y la enseñanza de los que me acompañan en ésta vida.

Me preocupa la imagen que se está vendiendo de la mujer. Me preocupa que la mujer esté pasando a ser un producto desechable e inhumano: un pedazo.
Me preocupa esta mujer que no aparece ni siquiera depilada sino lampiña, que no es que no tenga granos sino es que siquiera tiene poros o marcas de vida, cicatrices que recuerden el contacto. Y lo que más me preocupa es que estemos expuestos a todas estas imágenes todo el tiempo y desde que llegamos al mundo.

Imágenes que no hacen más que hacernos sentir inadecuados.
Hoy sé que no sólo soy adecuada sino que soy perfecta y diferente: como TODOS.

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