jueves, 27 de diciembre de 2007

Segundos en el paraíso


Sé bien que llegué a dicho arrabal por una casualidad Borgeana. Allí la luz carecía de sentido.
A penas puse un pie en el lugar descubrí que la energía, tan absurda como potente, alumbraba todo sin vacilación.
En primera instancia quise permanecer en silencio, mas luego, tras oír un grito sordo, mi garganta traicionó mis deseos proyectando un alarido.
Sentí que mi columna vertebral se volvía viscosa y del mismo modo, creí que mis piernas se habían vuelto inconsistentes.
Pareciera que describo una sensación cercana al miedo, sin embargo, lejos de haberme asustado, aquel grito sordo en aquel arrabal, me suscitó una especie de placer que sólo el que alguna vez estuvo enamorado podría comprender.
Me encontraba sola, desnuda y con el cuerpo amorfo. Mis ideas, que siempre habían permanecido firmes bailaban burlonas batiendo a duelo a mi escepticismo.
Juré que eternizaría dicho sentimiento en lo más hondo de mi nostalgia. Sonreí tan fofa como positiva y luego de recorrerlo todo con la vista, tomé una fotocopia mental del lugar.
Allí, yo era ni más ni menos que un ente de paz entre figuras geométricas, que a causa de la ausencia de luz, y a pesar de la energía, me costaba distinguir.
Mas no quise quedarme en la oquedad de ver, o bien, la de querer ver. Hilé más fino, fui mucho más allá de la vista, fui incluso más allá del oído.
De algún modo que ya no recuerdo, enredé mi cuerpo deforme y perfecto a aquellas figuras solitarias que tanto me había costado reconocer bajo aquel manto negro producido por la oscuridad. La oscuridad que procede de la soledad del carnaval de los muertos: el paraíso.


Carolín

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo que el comentar algo que gusta no es fácil tarea pero a la andanzas me hago....
Imaginarse el paraíso nunca se me ocurrió....
Ahora bien, llegar por una casualidad “Borgeana” y verlo como un arrabal eso si que es tener imaginación, es decir, la imaginación define el limite entre la realidad y la fantasía, puesto que es imaginarse algo que aun no es palpable, pero si se realiza, ya lo es. Es crear desde nuestra fantasía. Sin la imaginación no se puede comprender tal vez lo que no se quiere comprender; esto se refiere a que si un individuo va por la vida limitándose a creer únicamente en lo que puede ver y tocar, nunca descubrirá todo lo que puede lograr.
Tu descripción llego a un punto donde los cristianos no encontrarían regocijo en su moral, por verse quizás, luego de su largo o corto camino de pecados sin su paraíso sin su paz y con “la oscuridad que procede de la soledad del carnaval de los muertos”.

Mateo